¿Cuándo es el momento de darle su primer móvil? ¿Qué hacemos si pide tener redes sociales? ¿Cómo hablamos de pornografía? ¿Es normal que de repente no quiera contarnos nada? ¿Cómo podemos ayudarle si tiene problemas de autoestima? ¿Y si empieza a cuestionar todas las normas?
Hay un momento en la crianza en el que las preguntas parecen multiplicarse. Nuestros hijos ya no son tan pequeños, pero tampoco son todavía adolescentes. Empiezan a reclamar más independencia, buscan intimidad, cuestionan decisiones que antes aceptaban sin demasiadas protestas y la opinión de sus amigos adquiere cada vez más importancia.
Estamos entrando en la preadolescencia, una etapa que suele situarse entre los 9 y los 12 años y que, pese a ser decisiva en el desarrollo de los niños, sigue siendo una de las grandes olvidadas de la crianza.
Cuando nuestro hijo empieza a cambiar
La preadolescencia no es simplemente una espera hasta que llegue la adolescencia. Es una etapa con entidad propia en la que comienzan a producirse importantes cambios físicos, emocionales y sociales.
La pubertad empieza a transformar el cuerpo; aparece una necesidad creciente de autonomía; las amistades ocupan un lugar mucho más importante y se va construyendo una identidad propia. Al mismo tiempo, nuestros hijos continúan necesitando la presencia, el afecto y la seguridad que les proporciona la familia.
Y ahí surge uno de los grandes retos para madres y padres: ¿cómo darles espacio sin dejar de acompañarlos?
El móvil, las redes sociales y las nuevas preocupaciones
A las dudas habituales sobre alimentación, sueño, cambios físicos, acné, estudios o relaciones con los amigos se han sumado cuestiones que hace unas décadas ni siquiera existían.
Una de las grandes preguntas es cuándo entregarles su primer teléfono móvil y qué límites establecer para utilizarlo. Pero enseguida aparecen otras: redes sociales, videojuegos, exposición a contenidos inadecuados, pornografía, privacidad o relaciones a través de internet.
Y no son las únicas. Durante estos años también pueden surgir preocupaciones relacionadas con la autoestima, la ansiedad, el acoso escolar, la sexualidad, los trastornos de la conducta alimentaria, los primeros enamoramientos o el contacto con el alcohol y otras sustancias.
Son cuestiones muy distintas entre sí, pero comparten algo: es mucho más fácil abordarlas cuando existe previamente una relación de confianza con nuestros hijos.
Decir «no» también es educar
Acompañar no significa permitirlo todo.
Precisamente cuando nuestros hijos empiezan a reclamar independencia, los límites continúan siendo necesarios. La diferencia está en cómo los establecemos.
Un límite coherente no pretende controlar al niño, sino proporcionarle un marco seguro desde el que pueda ir conquistando su autonomía. Podemos escuchar sus argumentos, comprender su frustración e incluso aceptar que se enfade con nosotros sin renunciar por ello a nuestra responsabilidad como adultos.
Porque hay muchos momentos en los que educar significa decir «no».
No al móvil todavía. No a determinada aplicación. No a una hora de llegada. No a algo que hacen todos sus amigos. Y ese «no», cuando tiene una razón, se explica y nace del cuidado, también puede ser una forma de decir «te quiero».
100 preguntas que tarde o temprano nos hacemos
En No, porque te quiero, Nora Kurtin, fundadora y CEO de Sapos y Princesas, reúne 100 preguntas sobre la crianza de los hijos de 9 a 12 años y busca respuestas claras, prácticas y basadas en la evidencia.
Para ello, el libro recoge el conocimiento de 120 expertos en crianza, salud y educación, entre ellos pediatras, psicólogos, psiquiatras, docentes, dermatólogos, neurólogos, ginecólogos y optometristas.
El resultado es un manual pensado para consultar precisamente cuando aparece una duda: desde los cambios físicos de la pubertad hasta el primer móvil; desde la alimentación y el sueño hasta la autoestima, las amistades, la sexualidad o la salud mental.
No se trata de ofrecer recetas mágicas —porque no existen—, sino de disponer de información fiable para distinguir qué comportamientos forman parte de esta etapa del desarrollo, cuándo debemos prestar más atención y en qué situaciones puede ser conveniente recurrir a un profesional.
Preparar la adolescencia empieza antes de la adolescencia
Muchas veces pensamos en la adolescencia como el momento en el que llegará la gran transformación familiar. Pero la relación que tendremos entonces con nuestros hijos empieza a construirse mucho antes.
Escuchar cuando todavía quieren hablar. Respetar progresivamente su intimidad. Establecer límites coherentes. Hablar de los temas difíciles antes de que se conviertan en un problema. Y hacerles saber que, aunque cada vez sean más autónomos, seguimos estando disponibles cuando nos necesiten.
Ese es el planteamiento de No, porque te quiero: no esperar a que llegue la adolescencia para empezar a prepararnos para ella.
Porque acompañar a nuestros hijos mientras dejan atrás la infancia significa aprender también nosotros una nueva manera de ser padres. Una en la que proteger ya no siempre consiste en estar a su lado, sino en proporcionarles las herramientas necesarias para que, poco a poco, puedan caminar solos.
Y, algunas veces, eso también significa decir «no, porque te quiero».
Sobre Nora Kurtin
Nora Kurtin es fundadora y CEO de Sapos y Princesas, medio especializado en familias que desde 2005 acompaña a madres y padres con contenidos sobre salud, educación, tecnología, bienestar y ocio familiar.
Experta en tiempo en familia, participa habitualmente en foros relacionados con la educación y la crianza y es autora también de Crianza Activa. 0-3 años, publicado por Larousse Editorial en 2024.
COMPARTIR