Con una larga trayectoria acompañando a familias desde Sapos y Princesas, proyecto de referencia que dirige desde hace casi dos décadas, Nora Kurtin se ha convertido en una de las voces más influyentes en educación, bienestar y crianza en España. Periodista, divulgadora y madre, ha dedicado su carrera a comprender de cerca las necesidades reales de madres y padres en un contexto cada vez más complejo y cambiante. Fruto de esa experiencia nació Crianza Activa. 0-3 años (Larousse Editorial), una guía práctica que recoge más de 250 preguntas y respuestas elaboradas junto a profesionales para acompañar a las familias en los primeros años de vida de sus hijos. En esta entrevista, conversamos con ella sobre su mirada, su recorrido y los pilares que sostienen su propuesta de una crianza consciente, cercana y posible.
1. "Crianza Activa" aborda los “primeros 1000 días” de vida del niño (desde el nacimiento hasta los 3 años) como una etapa clave. ¿Qué te impulsó a centrar tu atención en ese tramo concreto?
Decidí centrarme en los primeros 1000 días porque son una etapa decisiva en el desarrollo físico, emocional y neurológico del niño. Es un momento en el que todo lo que hacemos —cómo los alimentamos, cómo dormimos con ellos, cómo los miramos, cómo les hablamos— deja una huella profunda. Más que educar desde la palabra, en este periodo se educa desde el vínculo, desde la presencia y desde lo cotidiano.
Lo primero que sucede al tener un bebé es que nos enfrentamos a nosotros mismos en una situación completamente nueva: la de ser padres. En ese proceso, desplegamos modelos aprendidos de nuestra propia crianza, lo que a menudo genera dudas e inseguridades. A partir de ahí, el mayor desafío es adaptarse a los profundos cambios que trae la llegada del bebé, tanto a nivel emocional como en la dinámica familiar. Aprender a interpretar sus necesidades, establecer rutinas, cuidar de él sin dejar de cuidarnos a nosotros mismos y sostener la relación de pareja es un equilibrio complejo. Todo esto ocurre mientras tomamos decisiones importantes sobre su salud y bienestar, muchas veces sin dormir y bajo presión. Por eso, este tramo es uno de los más desafiantes, pero también uno de los más transformadores. Y merecía un espacio propio.
2. La obra está organizada como una guía de preguntas y respuestas —más de 200— sobre inquietudes de madres y padres actuales: salud, sueño, desarrollo, alimentación... ¿Cómo fue el proceso para recopilar esas preguntas y decidir qué respuestas ofrecer?
Escribí Crianza Activa motivada por mi propia experiencia como madre y por los casi 20 años que llevo al frente de Sapos y Princesas. Durante este tiempo he podido observar de cerca cómo ha cambiado la forma de criar en España y cómo los padres de hoy se enfrentan a desafíos muy distintos a los de generaciones anteriores. Sentí la necesidad de ofrecer una mirada más realista, consciente y adaptada a lo que las familias necesitan ahora: menos juicio, más acompañamiento.
Para recopilar las preguntas me apoyé en los temas que más se repiten en nuestra comunidad, en los análisis de búsquedas que recibimos, en los correos de madres y padres, y también en muchas conversaciones personales con familias y profesionales. Las respuestas las construí con la ayuda de expertos de distintas áreas —salud, desarrollo, sueño, alimentación, psicología— y siempre intentando que fueran claras, prácticas y realistas. El resultado es una guía útil, directa y cercana, pensada para acompañar sin abrumar. Y es solo el comienzo, porque este es el primer libro de una colección por edades que seguirá creciendo.
3. Tu marca de referencia, Sapos y Princesas, lleva años trabajando con familias. ¿De qué manera esa experiencia en entorno real influyó en el enfoque práctico y accesible de Crianza Activa?
La experiencia de estos años al frente de Sapos y Princesas ha sido clave para definir el enfoque de Crianza Activa. Acompañamos a miles de familias cada día, y eso me ha permitido entender de forma muy directa cuáles son sus dudas reales, qué les preocupa, y sobre todo, cómo viven el día a día. Ser madre o padre hoy es muy complejo: no tenemos tiempo, muchas veces tampoco experiencia previa, y estamos constantemente expuestos a consejos, opiniones y contenidos que nos llegan desde todos los frentes.
Al plantearme el formato de Crianza Activa, pensé que uno de los mayores problemas que enfrentan los padres hoy en día es la sobreinformación sobre educación, que los bombardea con métodos, trucos y respuestas no siempre avaladas por profesionales. Esto genera mayor confusión e inseguridad en la crianza. Por eso, decidí que las dudas debían ser contestadas por profesionales e instituciones con autoridad, brindando así la tranquilidad de saber que se está tomando una decisión informada.
Dada la amplitud de temas clave, recopilé información y entrevisté a una gran variedad de expertos, desde pediatras y psicólogos infantiles hasta especialistas en lactancia, desarrollo emocional, sueño y masaje infantil. Cada uno aportó su perspectiva profesional en su respectiva área de conocimiento, sumando coherencia al enfoque global del libro. El resultado es una guía práctica, clara y rigurosa, pensada para madres y padres reales, que necesitan respuestas concretas sin renunciar a la calidad de la información.
4. La obra plantea siete ámbitos clave (salud, higiene, alimentación, sueño, desarrollo psicomotor y cognitivo, salud emocional, experiencias en familia) organizados por edades. ¿Cuál de esos ámbitos ha cambiado más para ti en los últimos años y por qué?
De todos los ámbitos que aborda el libro, el que más ha cambiado en los últimos años —desde mi experiencia en Sapos y Princesas— es sin duda el de la salud emocional. Las familias están mucho más sensibilizadas sobre el impacto que tienen las emociones en el desarrollo de sus hijos, y buscan activamente herramientas para acompañarlos mejor. Se habla más de autoestima, de gestionar la frustración, de cómo enseñar a los niños a reconocer lo que sienten. Libros, películas, talleres… hoy las familias se implican y se informan. También preocupa cada vez más la prevención del bullying, el ciberacoso y la aparición temprana de síntomas de ansiedad o tristeza, especialmente tras la pandemia.
Por otro lado, la irrupción de la tecnología ha planteado un reto enorme en todos los niveles. La sobreexposición a pantallas, el acceso a redes sociales o la dificultad para desconectar preocupan profundamente a los padres, que muchas veces se sienten desbordados. Ya no se trata solo de limitar el tiempo frente a los dispositivos, sino de acompañar desde el sentido crítico y la conexión emocional. Todo esto ocurre en un contexto familiar que también ha cambiado: menos hijos por familia, más incorporación de la mujer al trabajo y más conciencia sobre la necesidad de conciliar y estar presentes. Afortunadamente, también se observa una implicación cada vez mayor de ambos padres en la crianza y una preocupación creciente por crear entornos más sanos, equilibrados y afectivos.
5. Muchas familias sienten inseguridad o presión en esos primeros años. ¿Qué mensaje le darías a una madre o un padre que se siente abrumado al enfrentarse a esta etapa?
A una madre o un padre que se siente abrumado, le diría que lo primero es soltar la idea de perfección. Criar no es hacerlo todo bien, es estar presente y disponible, incluso cuando no se tienen todas las respuestas. Los errores forman parte del proceso, y aprender junto a nuestros hijos —reparando, ajustando, volviendo a intentarlo— es una de las experiencias más humanas que existen. La clave está en acordar con nuestra pareja o entorno cuáles son los valores que nos guían, y desde ahí, construir una crianza coherente, segura y cariñosa, incluso en los momentos más difíciles.
También creo que es fundamental aprender a disfrutar de los pequeños momentos y confiar en la flexibilidad como herramienta. Nuestros hijos necesitan estructura, pero también libertad para explorar, equivocarse y crecer sin miedo. Y nosotros necesitamos redes: apoyarnos en la pareja, crear vínculos con otras familias, buscar ayuda profesional si hace falta, y reservarnos espacios propios. Porque cuando nos cuidamos, también cuidamos mejor. Crianza Activa nace precisamente para ofrecer esa compañía: una mirada realista, cercana y posible, que integra al niño, al adulto y al vínculo que los une.
6. La coherencia, la seguridad y el cariño son valores centrales de tu propuesta (“educar con coherencia, seguridad y cariño”). ¿Qué ejemplos concretos puedes compartir para poner esos valores en práctica día a día con un bebé o niño pequeño?
Educar con coherencia, seguridad y cariño significa alinear lo que pensamos, decimos y hacemos, creando un entorno estable, afectivo y previsible para nuestros hijos. En la práctica, esto se traduce en acciones cotidianas muy concretas. Por ejemplo, si queremos fomentar el respeto, debemos tratar a nuestros hijos con el mismo respeto con el que esperamos que ellos traten a los demás, incluso cuando nos desbordan. Si valoramos la lectura, debemos leer con ellos. Si defendemos el reparto equitativo de tareas, también debemos mostrarlo con hechos en casa, porque los niños observan mucho más de lo que escuchan.
La Crianza Activa promueve una participación real de los padres en todos los ámbitos del desarrollo del niño: físico, emocional, social y cognitivo. Es estar presentes en las rutinas, acompañar sus emociones, estimular su curiosidad y confiar en su capacidad de aprender y crecer. Se trata de establecer límites desde el cariño, de fomentar la autonomía sin dejar de ofrecer sostén, y de crear momentos de conexión diaria —una cena compartida, un paseo, un cuento antes de dormir— que refuercen el vínculo y den seguridad. Y también de adaptarnos a los nuevos retos sociales y tecnológicos sin perder el foco en lo más importante: el bienestar integral del niño y la calidad del vínculo que construimos con él.
7. En una era de sobreinformación y mucha “opinión” sobre crianza, ¿cómo ayuda tu libro a distinguir lo esencial de lo accesorio, y a dotar de confianza a los progenitores?
Hoy en día, muchas madres y padres sienten que, por más que se informen, nunca es suficiente. Las redes sociales, los foros, los grupos de WhatsApp y la cantidad de libros o métodos disponibles terminan generando una gran saturación. En lugar de ayudar, tanta información —muchas veces no contrastada ni ofrecida por profesionales— acaba generando inseguridad, ansiedad y una sensación constante de no estar a la altura. Por eso Crianza Activa nace con la intención de ser una guía clara, accesible y fiable, que ayude a distinguir lo esencial de lo accesorio.
A través de más de 200 preguntas y respuestas, construidas junto a expertos de referencia y basadas en mi propia experiencia al frente de Sapos y Princesas, el libro ofrece herramientas concretas y contrastadas para tomar decisiones con mayor seguridad. No se trata solo de dar respuestas, sino de ofrecer un marco coherente y realista que permita a cada familia criar desde sus propios valores, sin caer en modas o presiones externas. Criar con seguridad no significa hacerlo perfecto, sino sentirse acompañado y tener la confianza de estar haciendo lo mejor posible con la información adecuada, sin perder de vista que también hay espacio para el error, la reparación y el disfrute.
8. En el libro hablas de una crianza consciente, activa y presente. ¿Qué significa exactamente “Crianza Activa” y en qué se diferencia de otros enfoques más tradicionales o reactivos?
Crianza Activa es una forma de educar desde la presencia, el compromiso y la consciencia. No se trata de controlar ni de sobreproteger, sino de acompañar de manera real, integral y coherente el desarrollo de nuestros hijos en todas sus dimensiones: física, emocional, cognitiva y social. Es un enfoque que parte de la idea de que los niños aprenden más de lo que ven que de lo que les decimos, por eso pone énfasis en el ejemplo, en cómo nos relacionamos con ellos y entre adultos, en cómo resolvemos conflictos y cómo gestionamos nuestras emociones.
A diferencia de modelos más tradicionales o reactivos, que muchas veces se basan en la repetición de patrones o en la corrección constante, la Crianza Activa invita a mirar al niño con curiosidad, respeto y escucha. Fomenta la autonomía, la autoestima y la participación desde los primeros años, construyendo un vínculo sólido a través de momentos compartidos, rutinas con sentido y límites claros puestos con afecto. También reconoce que estamos criando en un contexto nuevo, atravesado por los cambios sociales, tecnológicos y familiares, y por eso ofrece una guía práctica adaptada a las necesidades reales de las familias de hoy. Escribí este libro precisamente para acompañar ese proceso, desde la experiencia de ser madre y desde los años al frente de Sapos y Princesas, viendo de cerca cómo ha evolucionado la crianza en nuestro país.
9. En tu experiencia acompañando a padres, ¿cuál dirías que es el mito más extendido sobre la crianza de 0 a 3 años que tu libro intenta desmontar?
Uno de los mitos más extendidos que intento desmontar en Crianza Activa es la idea de que poner límites a un niño pequeño puede dañar el vínculo o frenar su desarrollo emocional. Muchos padres temen que al decir “no”, al establecer rutinas o al marcar ciertas normas, estén siendo demasiado duros o poco afectuosos. Y es todo lo contrario: los límites bien puestos —claros, consistentes y con cariño— son una de las mayores formas de cuidado. Son los que les permiten a los niños entender el mundo, anticipar lo que va a pasar, sentirse seguros y desarrollar una autoestima saludable. No se trata de imponer ni de ceder, sino de acompañar con presencia adulta.
Otro tema que se repite mucho es la ansiedad por comparar: si el niño ya camina, ya habla, si hace lo mismo que otros de su edad. Las familias sienten mucha presión externa, y eso genera inseguridad constante. En el libro insisto en que cada niño tiene su ritmo, y que lo más importante no es que todos avancen igual, sino que sientan que sus padres están ahí, atentos y disponibles. También trato un tercer mito muy profundo: el de repetir sin darnos cuenta los patrones que vivimos en nuestra infancia. Muchas veces educamos como fuimos educados, sin reflexionar si eso realmente encaja con los valores que queremos transmitir. La Crianza Activa invita a frenar, observar y elegir conscientemente qué tipo de educación queremos dar, no desde la culpa, sino desde el deseo genuino de crecer con nuestros hijos.
10. La sobreexposición a pantallas preocupa a muchos padres. ¿Qué recomendaciones ofreces para introducir la tecnología con conciencia desde etapas tempranas?
Una de las recomendaciones más claras que hago en Crianza Activa es evitar por completo el uso de pantallas en los primeros años de vida. Idealmente, hasta los 6 años, y si se introducen antes, que sea de forma muy puntual, siempre acompañados por un adulto y con contenido de calidad. Pero lo más importante es que recordemos que los niños aprenden por imitación: si nos ven con el móvil en la mano todo el tiempo, entenderán que eso es lo normal. Y sin darnos cuenta, les estamos transmitiendo un modelo que luego cuesta mucho revertir.
Lamentablemente, aunque la tecnología nos conecta con el mundo, muchas veces nos desconecta de quienes tenemos más cerca. Lo vemos a diario: adultos absortos en sus teléfonos mientras un niño espera una mirada o una respuesta. En el caso de los más pequeños, esto puede afectar directamente a su desarrollo emocional, su lenguaje, su capacidad de vincularse. Por eso insisto tanto en reconectar desde lo cotidiano. Basta con apagar las pantallas en los momentos clave: durante las comidas, al ir a dormir, o en los trayectos. Leer un cuento, jugar juntos, preguntarles cómo están o simplemente estar disponibles es mucho más valioso que cualquier contenido digital. La clave está en enseñar con el ejemplo que estar presente es la mejor forma de amar.

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