Pierre Larousse (1817-1875) se encontró durante su experiencia como docente con unos métodos de enseñanza arcaicos y de escaso valor pedagógico. Por ello, después de una amplia formación autodidacta y tras recopilar en cientos de fichas los conocimientos adquiridos en la Sorbona, el Collège de France y en otras instituciones y bibliotecas, decidió escribir un curso completo de lengua francesa para enseñar a los niños la ortografía y el arte de hablar y escribir correctamente (Lexicologie des Écoles Primaires, 1849).

En 1852 se asoció con Augustin Boyer, un profesor que deseaba abrirse camino en el sector comercial; juntos crearon la Librairie Larousse et Boyer. Desde entonces, Pierre Larousse escribió y publicó numerosas obras de carácter pedagógico que alcanzaron un gran éxito, ya que estaban basadas en principios pedagógicos modernos que propugnaban educar de manera activa la inteligencia y la capacidad de razonamiento de los más pequeños.

En 1863 la Librairie sacó a la calle el primer fascículo de la enciclopedia Grand Dictionnaire Universel du XIX e siècle, al precio de un franco. El último fascículo vería la luz en 1876, un año después de la muerte de Pierre Larousse. En total, la obra comprendía en su versión encuadernada 15 volúmenes y más de 20.000 páginas.

Con ella, Larousse pretendía crear un diccionario general en el que tuvieran cabida todos los diccionarios particulares (de filosofía, matemáticas, ciencias políticas y sociales, física, química, cronología, mitología, geografía, música, arquitectura, medicina, historia natural, agricultura, comercio, náutica, equitación, etc.). De hecho, la obra era un auténtico monumento de las ideas republicanas, liberales, laicas y progresistas de la época, una gran enciclopedia en el más puro estilo de la Encyclopédie de D’Alembert.

En este sentido, Pierre Larousse dijo que con el Grand Dictionnaire Universel había pasado de la enseñanza lexicológica, es decir, la que estudia las palabras, a la enseñanza de todo tipo de conocimientos: pasó de enseñar a los niños a intentar «instruir a todo el mundo, sobre todo y todas las cosas». Este lema quedó plasmado en 1876 con la imagen de la sembradora, la mujer que sopla un diente de león cuyas semillas simbolizan el conocimiento y se esparcen a los cuatro vientos, y que podemos reconocer en las obras Larousse.

Al Grand Dictionnaire Universel le sucedieron otras muchas obras. El Nouveau Larousse Illustré (1898) añadió la fuerza de las ilustraciones gracias a Claude Augé, un personaje clave en la evolución de la editorial al otorgar gran importancia a la parte gráfica. Llegaron después, entre otras, el Larousse du XX e siècle (1928), el Grand Larousse Encyclopédique (1960-1964), el Grand Dictionnaire Encyclopédique Larousse (1982) o el Grand Larousse illustré (2005).

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